BAUTIZO DE FUEGO PARA LOS COMANDOS DE SELVA

(Por Julio César Carranza Alfonso) *

 

 Introducción

 Continuando con el rescate de la historia de la Infantería de Marina con los conversatorios sobre operaciones fluviales organizados por la Asociación Colombiana de Oficiales de Infantería de Marina ANFIBIOS, entrego en este capítulo hechos sucedidos en la década de los ochenta en el área general de los Departamentos del Putumayo y Caquetá, jurisdicción del Batallón de Selva de Infantería de Marina con sede en Puerto Leguízamo (Putumayo). Este documento da continuación a otros anteriores que narran el desarrollo de los antaño denominados “Comandos de Selva”[1], organizaciones pioneras de lo que hoy son las Fuerzas Fluviales del Cuerpo Anfibio. Conocidos los propósitos de la Asociación ANFIBIOS para cubrir y mostrar en el lapso citado las circunstancias en las que nacieron, cómo se desarrollaron y luego cómo se consolidaron las fuerzas fluviales, se busca con este evento experimental tener una imagen muy cercana de su historia, contada por sus propios hacedores y con resultados de objetividad y beneficio institucional.

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 LOS COMANDOS DE SELVA EN SU ENTRENAMIENTO BÁSICO  -1970

Hechos concatenantes

Después de la Operación ANORÍ en octubre de 1973 las unidades de Comandos de Selva siguieron en su accionar sobre los ríos de las regiones del Magdalena Medio, Bajo Cauca y en las áreas del Sur del País como en el Río Putumayo, Caquetá y sus respectivos afluentes. Al salir del área de operaciones, fui trasladado a la ciudad Capital y asignado como Ayudante del Comandante del Cuerpo de Infantería de Marina, hechos sucedidos ya para inicios del año de 1974. Como resultante del auge tomado por los “comandos de selva”, sus inspiradores y desarrolladores con el fin de afianzar el espíritu de cuerpo de estas fuerzas especiales, como así fueron clasificadas organizacionalmente, crearon y elaboraron extraoficialmente el distintivo de los “comandos de selva”, asunto que elevaba la moral y la confianza en sus hombres, siendo necesario legalizar tal distintivo, por lo que actuando dentro mis responsabilidades, preparé y tramité con el apoyo del Sr. Comandante de Infantería de Marina las Resoluciones           No. 0146 del 20 de junio de 1974, y la No. 0147 del 24 de junio de 1974 del Comando de la Armada Nacional, las que creaba y asignaba dicho distintivo, respectivamente. De esta manera nació legalmente la insignia que particularizaba a los hombres que bajo la enseña del cóndor y la corona de laurel navegaban por los ríos del país cumpliendo su misión institucional.

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Luego de ese paso en la vida profesional, vino entre otros la asignación a la Escuela Naval de Cadetes donde tenía la oportunidad de enseñar a los futuros oficiales de Infantería de Marina lo hasta el momento aprendido; ostentando el grado de capitán y ascendido al de mayor, a finales de 1980 tuve el ofrecimiento del Sr. Comandante del Cuerpo para asumir el comando el Batallón de Selva ubicado en Puerto Leguízamo (Putumayo), honor que se me hacía ya que ni siquiera había sido en este grado, miembro de un estado mayor o segundo comandante de una unidad táctica; pero así es la vida militar y acepté viajar a Puerto Leguízamo. Se suponía era una guarnición tranquila, un paraíso, una oportunidad de conocer la selva y disfrutar su belleza. Qué equivocada era la anterior apreciación.

El M19 en el Sur del País

 

Después de las elecciones para presidente de la república el 19 de abril de 1970, en las que supuestamente se arrebató el triunfo al entonces candidato de la ANAPO, General (r) Gustavo Rojas Pinilla, nació para esas fechas el autodenominado grupo guerrillero M19. Con espectaculares acciones como el robo de la espada de Bolívar de la Quinta museo que lleva su nombre y otras más, siguió con su accionar político militar buscando según sus cabecillas, el apoyo del pueblo, expandir su fuerza y cobertura y cambiar las tácticas guerrilleras, incluyendo traída de armamento del exterior y entrenamiento a sus integrantes fuera del país. De esta manera dirigió sus acciones hacia el Sur del País, específicamente sobre los departamentos de Caquetá, Putumayo y Nariño. En su organización incluyó el “frente sur” creado aproximadamente en febrero de 1979, comenzando con 14 hombres y para 1981, según ellos, lo integraban varios cientos de guerrilleros. [2] Aunque para esa época ya los grupos sediciosos, entre estos el M19, las FARC y el ELN, tenían una considerable infiltración en el área, ésta seguía siendo aparentemente de tranquilidad. Las acciones del M19 tenían características de espectacularidad como lo fue el robo de armas al Cantón Norte del Ejército en Bogotá; como producto de la reacción de las Fuerzas Militares, los grupos al margen de la ley, específicamente el M19, optaron por dirigir su acción a zonas rurales alejadas como la del sur y del occidente, incluyendo el desembarco de personal por la costa pacífica y creación de otros frentes en el Chocó y en Nariño. Podría pensarse que tenían un plan perfectamente concebido para realizar un ataque en tenaza al sur del país; pero no contaron con la reacción de las Fuerzas Militares y sobre todo con las características del terreno donde iban a operar.

Contrastando con la idea que el área en cuestión era un paraíso, vemos la situación general para el año de 1981 de los grupos guerrilleros en esta zona, especialmente del M19, incluyendo inicialmente en este escrito algunas de las principales acciones  realizadas durante el primer semestre de 1981 que hicieron cambiar de plano la alerta y el alistamiento de las unidades de la Fuerza Naval del sur, con puesto de mando en Puerto Leguízamo, para luego detallar las del segundo semestre del mismo año; a esta unidad operativa menor de la Armada pertenecían el Batallón de Selva de Infantería de Marina, para ese entonces, al que fui asignado como comandante, y la Base Fluvial ARC Leguízamo; ambas unidades con puestos destacados a lo largo de los ríos y áreas terrestres de responsabilidad como el Putumayo, el Caquetá, el Amazonas y  sus afluentes como el Orteguaza, entre los principales, y la población de Leticia (Amazonas), Puerto Ospina en el Putumayo, así como las unidades a flote y los botes de los “comandos de selva” patrullando en los ríos navegables. A este punto, es necesario subrayar sobre la gran extensión de la zona asignada y las características del terreno, selvático y tan solo con los ríos como vías de acceso a los centros poblacionales, también reducidos.

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Guerrilleros del M19 – Fotos Revista Cromos; Edición 33-29; noviembre 3 de 1981

El M19 dispuso para finales de 1980 una concentración en la ciudad de Panamá de cerca de ciento veinte guerrilleros, desplazándolos después a Cuba en donde recibieron entrenamiento de guerra de guerrillas en un lapso aproximado de tres meses; terminado este entrenamiento decidieron regresar al país en dos grupos diferentes; el primero al mando del sujeto José Helmer Marín Marín quien con aproximadamente 40 sujetos desembarcaron en las costas del Chocó en pequeñas embarcaciones, para organizar su área de operaciones en los departamentos de Caldas, norte del Valle y parte de Antioquia. El segundo grupo al mando del cabecilla Carlos Toledo Plata con 85 sujetos, transportados en un buque pesquero, desembarcó en el departamento de Nariño, cerca a Tumaco, con gran cantidad de armamento, material de intendencia y comunicaciones, iniciaban la penetración hacia el interior de Nariño, Caquetá y Putumayo, aunque muy prontamente fue detectada y capturada la mayoría por el Ejército Nacional, huyendo otros al Ecuador, donde fueron capturados y puestos a órdenes de las autoridades colombianas, para ser juzgados en consejo de guerra posteriormente.[3]

El Batallón de Selva de IM: Tareas y responsabilidades

Puerto Leguízamo es el principal centro urbano ubicado sobre el Río Putumayo, el que constituye la frontera con el Perú y con el Ecuador; esta arteria fluvial recorre la mayor parte del borde sur de Colombia y sirve como principal, única arteria y vía de comunicación de esta parte del territorio nacional. En el puerto fluvial se halla acantonada una guarnición de la Armada Nacional, la Fuerza Naval del Sur, unidad operativa nacida después del conflicto con el Perú y que apoya no solo en la parte militar sino en muchos aspectos a todos sus habitantes, especialmente con el transporte de combustible.

Por su parte, el Batallón de Selva de Infantería de Marina tenía en el año de 1981 la misión de desarrollar operaciones fluviales y terrestres en su área de responsabilidad, conducentes a mantener el orden público de la jurisdicción asignada. Dependía orgánicamente del Comando de Infantería de Marina en Bogotá y operacionalmente del Comando de la Fuerza Naval del Sur; para la época era su Comandante el Sr. Capitán de Navío Mario Pérez Gutiérrez. Con base en la situación existente a finales del año de 1980, todas las unidades del sur del país desarrollaban sus tareas de manera normal y sin ninguna otra fuente de alteración que las existentes hasta esa época en el país. Pero esta situación cambió radicalmente a partir del inicio del año de 1981.

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 Con los antecedentes del M19 narrados en párrafos anteriores, el grupo guerrillero después de los desembarcos en el Chocó y por Nariño a finales de 1980, habiendo sido contraatacado por las fuerzas militares de la región, inició el año de 1981 con una serie de acciones en los departamentos del Caquetá y Putumayo, que rompieron la aparente tranquilidad del área, a punto de tenerse en la Fuerza Naval del Sur desde prácticamente el mes de febrero acuartelamiento de primer grado permanentemente. Una relación de algunas de esas acciones da la idea sobre la situación reinante, así:

 El 19 de enero unos doscientos guerrilleros atacaron la población de Curillo, Caquetá. Días después atacaron San Antonio de Getuchá y Remolino, un pueblo cercano a Florencia. El 6 de marzo el Ejército capturó parte del grupo que había desembarcado por Tumaco, con gran cantidad de material de intendencia y comunicaciones. En el mes de marzo, como acción más significativa para el grupo insurgente, se realizó la toma de Mocoa, capital de la entonces Intendencia del Putumayo e incursionaron por las riberas del Río Caquetá y Orteguaza, en área cercana a la Base Aérea de Tres Esquinas.  Con estos hechos, el comando de la Fuerza Naval del Sur, consideró la inminente infiltración en cercanías de Puerto Leguízamo y previniendo posibles ataques a las unidades a flote que navegaban por el Río Caquetá, por el Putumayo y sus afluentes, o a alguno de los Puestos destacados situados en las riberas del Putumayo, ordenó máxima alerta y redobló los esfuerzos de inteligencia, incluyendo la infiltración a uno de los grupos guerrilleros por el Cabo Segundo IM Filogonio Hichamón, oriundo de la región, descubierto y asesinado por un cabecilla guerrillero en el Río Orteguaza, como narraré más adelante. De hecho para este momento, como caso anecdótico se tuvo la interferencia  de las comunicaciones de la Fuerza Naval por uno de los grupos subversivos que se identificaba como “morter” y en repetidas ocasiones irrumpía en la red de HF de la Fuerza, debiéndose implementar medias especiales de guerra electrónica.

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Por todos los hechos que en este primer semestre de 1981 sucedían en el sur del País, las órdenes superiores eran bien claras: intensificar las acciones de control, vigilancia y seguridad, redoblar las acciones de inteligencia para evitar un ataque a las instalaciones de Leguízamo, a cualquier puesto destacado o alguna de las unidades navegando en los ríos. El Comando del Batallón de Selva, a cuyo cargo se encontraba el entrenamiento básico de los elementos de “comandos de selva”, cuya escuela no estaba formalmente organizada pero se tenía como una unidad subalterna del Batallón, intensificó tal entrenamiento, dando especial atención al mismo, además que el suscrito de manera personal buscaba aplicar las experiencias ganadas en el Magdalena Medio y en el Bajo Cauca con la Operación Anorí, hacía siete años. Para la época, coincidencialmente el Batallón de Selva tenía también la misión de formar suboficiales en el grado de cabos segundos, la que requería mucha dedicación por la incidencia en el desempeño de los profesionales que pudieran graduarse como tal; a estas dos misiones, la de formación de suboficiales y la de entrenamiento básico de los “comandos de selva” les di máxima cuidado en mi gestión de comando, lo que incluyó la participación personal en las prácticas con los botes en el río, la enseñanza de las tácticas y maniobras hasta el  momento empleadas y hasta participé en la campaña final de los alumnos por la selva cercana a la Base de Puerto Leguízamo, tema que será narrado en otra ocasión. Era también significativo el hecho que hasta ese momento no existía formalmente un manual de operación de las unidades de fuerzas especiales que determinara los principios de doctrina y táctica, por lo que me di a la tarea de redactar un proyecto con base en las experiencias de años anteriores, las iniciativas de los instructores y complementado posteriormente con las experiencias de combate en los Ríos Orteguaza y Caquetá, sobre las que también se dará cuenta en este documento. Este proyecto de manual de operaciones fue remitido a finales de 1981 al Comando de Infantería de Marina para su aplicación, dando como resultado posteriormente el primer manual definitivo de las fuerzas especiales fluviales.

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ENTRENAMIENTO DE LOS COMANDOS DE SELVA EN EL RÍO PUTUMAYO – 1981

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UN ELEMENTO DE COMANDOS DE SELVA EN OPERACIONES RÍO PUTUMAYO -1981

A medida que el grupo subversivo del M19 intensificaba sus acciones, especialmente sobre las áreas aledañas a los ríos por ser estos las únicas vías de aproximación, el Comando de la Fuerza guiado por las informaciones de inteligencia concentró su atención en la seguridad de las unidades a flote, especialmente del Remolcador de Río ARC Calibío que navegaba por el Río Caquetá entre la población de la Tagua y Tres Esquinas transportando mercancías y víveres para la región. Con este panorama y llegado el mes de julio de 1981, se alistó uno de los elementos de “comandos de selva” que se tenía disponible en Leguízamo con miras a operar sobre el Río Caquetá, con misiones de seguridad y control fluvial. Siendo de suma gravedad la situación en el Río Caquetá y de acuerdo a informaciones de inteligencia sobre la presencia de la guerrilla sobre este río, el Comando del Batallón de Selva, bajo instrucciones del Comando de la Fuerza Naval, emitió la Orden de Operaciones por la cual un Elemento de Comandos de Selva, al mando de un Subteniente de Infantería de Marina salía con misiones de patrullaje fluvial, seguridad y control en el Río Caquetá, así como de escolta al Remolcador Calibío, hasta nueva orden.

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Remolcador navegando por el Río Caquetá

Operaciones de combate y bautizo de guerra

 Siendo el Comandante de la Fuerza Naval de Sur para el  segundo semestre de ese año de 1981 el Señor Capitán de Navío Carlos Enrique Ospina Cubillos, desde el mes de agosto se desarrollaron en el área de operaciones del Río Caquetá, donde se encontraba el Primer Elemento de Comandos de Selva, una serie de acciones, combates y hechos importantes que con el informe que el Elemento rindió posteriormente, se relatan tales acciones de la siguiente manera[4]:

 “El 14 de agosto de 1981 sale de Puerto Leguízamo hacia el poblado de La Tagua el Primer Elemento con cinco equipos de bote, con su personal de dotación y todo el material de guerra, de intendencia y de comunicaciones necesario para operar mínimo treinta días; el Remolcador Calibío le serviría como base de apoyo logístico ya que en ese momento no existía el concepto de “buque nodriza”. La primera misión que cumpliría el Elemento era escoltar al remolcador en sus viajes desde La Tagua hacia la base de la Fuerza Aérea Tres Esquinas, ubicada en la desembocadura del Río Orteguaza sobre el Caquetá, y finalmente llegar a Florencia sobre el Río Orteguaza. Es oportuno observar que el Elemento destacado había estado en entrenamiento reforzado a lo largo del primer semestre y el Comando del Batallón consideraba en muy buen nivel su capacidad de combate, su moral y su disponibilidad para cumplir las misiones asignadas.  Hasta el momento no se había tenido ningún contacto con el enemigo, pero los informes de inteligencia daban cuenta sobre su presencia a orillas del río. El convoy formado por el Remolcador Calibío y el Elemento de Comandos de Selva hizo un primer viaje de ida a Florencia y vuelta a La Tagua, sin ningún contratiempo, habiendo sí observado personal extraño a las orillas, información que por inteligencia se corroboró ser personal de la guerrilla con intenciones de atacar las embarcaciones. Esta situación la confirmó el Departamento de Inteligencia del Batallón, debiendo como Comandante del mismo recabar sobre las medidas de seguridad y la alerta total para el Elemento. El viaje redondo duró poco más de una semana. Al regreso se le enviaron a Elemento fusiles M14 nuevos recibidos de Bogotá; esta acción daba más confianza al personal; igualmente recibimos y enviamos al Elemento lanzacohetes, conocidos como “rocket”, arma antitanque que daba un gran poder de fuego; al personal del Elemento se le dio en la misma área de operaciones instrucción de manejo y realizó prácticas de su empleo, asunto que en la situación que se vivía, era de vital importancia.

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Guerrilleros del M19 – Fotos CROMOS Edición 33-29, noviembre 3 de 1981

 “Ya entrado el mes de septiembre el convoy vuelve a zarpar para Florencia (Caquetá); inicialmente tenían las embarcaciones destino Puerto Arango, un poblado sobre el Río Caquetá, llegando hasta el sitio Las Delicias; habiendo pernoctado en este, el día siguiente zarparon a las 06:00 horas; a la media hora de navegación, los tripulantes del bote guía avistaron a la altura de la desembocadura al Caquetá del Río Cencella una motocanoa que venía aguas abajo con numerosas personas a bordo y una bandera izada; al darse cuenta estas personas de la presencia de los botes y el Remolcador, el piloto de la motocanoa viró intempestivamente aguas arriba, saliendo los botes del Elemento en su persecución motivados por la actitud de la motocanoa, la que viendo la cercanía de los botes, arrimó a tierra, desembarcó el personal y se adentró en la vegetación desde donde empezaron a disparar a los tripulantes de los botes. Era este el primer contacto de combate con el enemigo de los Comandos de Selva, para la época. Los tripulantes de los botes de inmediato respondieron el fuego según las tácticas hasta el momento empleadas, incluyendo el uso de las ametralladoras que cada bote tiene en su proa; el resultado de esta acción fue la captura de la motocanoa, la baja de uno de los bandoleros y la captura de uno de ellos. Los Infantes de Marina del Elemento no sufrieron ningún daño. Además del guerrillero dado de baja y el capturado, se tomaron varios morrales de campaña y propaganda alusiva al M19; consolidada la acción que incluyó un registro del área cercana a la ribera del Río, el convoy siguió rumbo a la Base Aérea de Tres Esquinas, situada en la boca del Río Orteguaza sobre el Caquetá. Al llegar a Tres Esquinas al día siguiente, en esta unidad el Comandante del Elemento rindió informe de la acción, entregó al guerrillero muerto y al capturado, igual que el material. Como las operaciones de la unidad de Infantería de Marina requerían coordinación con las del Ejército que estaban en el área terrestre, el mando superior ordenó poner bajo control operación del Comando de la Base de Tres Esquinas al Elemento, asunto que se tramitó por el conducto regular a través del Comando del Batallón, recibiendo de todas maneras el reporte periódico por radio del Comandante para asuntos administrativos, que incluía la situación del personal y los requerimientos logísticos. Esta situación acogida dentro del normal procedimiento, dejaba los resultados de las operaciones al buen criterio del Oficial al mando del Elemento y de las órdenes que el comandante que tenía el control operacional pudiera darle. De todas maneras y a pesar de las dificultades en las comunicaciones con el Elemento, el Comando del Batallón de Selva seguía pendiente de manera permanente de su situación. Días después de tomarse estas determinaciones y estar el Elemento en Tres Esquinas, salieron con el guerrillero capturado hacia el sitio del combate para buscar posible armamento y equipo que en la huida los guerrilleros hubieran podido dejar, con resultados negativos; hecho esto, volvieron a la Base de tres Esquinas”.

 Con la unidad de la Fuerza Aérea como base de operaciones, el Elemento continuó desarrollando operaciones de control, seguridad y vigilancia sobre el Rió Caquetá y sobre el Río Orteguaza, situación que se prolongó todo el mes de septiembre y parte de octubre. Por estos días, el control operacional del Elemento pasó al Oficial del Ejército que comandaba las tropas terrestres que esta Fuerza tenía en el área general de operaciones, haciendo en varias ocasiones contacto radial con el oficial a cargo, quien me daba reporte sobre la actuación del Elemento con su comandante y su tripulación, poniendo en alguna ocasión la queja que el joven oficial pedía dejarlo ir a patrullar el Río ya que consideraba que de esa manera se mantenía control y vigilancia de la vía fluvial, asunto que era cierto y que personalmente le hice caer en cuenta al Sr. Mayor del Ejército con quien hablaba, argumentándole que esa era la tarea esencial de este tipo de unidades. Una última conversación radial con el Comandante de la unidad del Ejército se hizo aproximadamente el 19 de octubre. El 21 de octubre un grupo del M19 secuestro e hizo acuatizar sobre el Río Orteguaza un avión de transporte de la empresa Aeropesca con armamento para la guerrilla.

Secuestro y acuatizaje del avión de Aeropesca – Emboscada al Elemento

 Con un lastimoso pesar del Oficial a cargo de las operaciones en el área del Orteguaza por no haber dejado ir a patrullar en esos días al Elemento como le pedía su comandante, en el contacto radial que sostuve con él supe lo del acuatizaje del avión de la empresa de Aeropesca, hecho de gran despliegue periodístico por su espectacularidad y circunstancias (El Tiempo, martes 27 de octubre de 1981, página 6ª – Revista CROMOS, Edición 33-29, noviembre 3 de 1981). “Efectivamente tal acción realizada por guerrilleros del M19, dio como resultado el transporte de aproximadamente 500 fusiles y otras armas en el avión secuestrado y acuatizado en el Río Orteguaza, a donde se dirigió el Elemento el día 22 de octubre a las primeras horas del día, no encontrando ni personas ni material en el avión al llegar al sitio de acuatizaje. Su acción al llegar al aparato fue de mucha precaución, previendo la instalación de explosivos; solo encontraron algunos empaques y una nota de los guerrilleros invitando al Ejército a que los buscaran en alguna parte de la selva. Los hombres del Elemento, con las medidas de seguridad requeridas inspeccionaron la zona aledaña, siendo el sitio donde cayó el avión cercano a una gran playa, con una profundidad aproximada de algo más de un metro. Investigados algunos lugareños encontrados cerca, informaron que en horas de la noche que cayó el avión llegó una lancha que recogió el armamento que llevaba. De estas informaciones dio cuenta por radio el Comandante del Elemento a la Base de Tres Esquinas, recibiendo orden del comandante operacional de navegar aguas arriba por el Orteguaza para tomar contacto con una contraguerrilla del Ejército que se encontraba cerca, la que debía realizar la persecución de los guerrilleros.

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 AVIÓN DE AEROPESCA ACUATIZADO EN EL RÍO ORTEGUAZA octubre 21 de 1981[5]

 “Los botes del Elemento iniciaron el desplazamiento aguas arriba hacia donde se suponía estaba la patrulla del Ejército. Llegando a una curva del Río conocida como la Vuelta del tigre, aproximadamente a 20 minutos de navegación, los botes del Elemento fueron emboscados por los guerrilleros del M19. Era nuevamente el bautizo de fuego para estos valientes Infantes de Marina que en su pequeños botes ejecutaban maniobras que teóricamente habían aprendido y practicado sin enemigo real. Los disparos de los bandoleros provenían de ambas orillas y abundantemente, en especial de una casa que se hallaba en toda la vuelta del río; los tripulantes de los botes de inmediato respondieron el fuego con todas sus armas disponibles, incluyendo los morteros y  las ametralladoras. La acción de combate hacía que los botes se movieran en el espacio disponible del Río tratando de buscar sus blancos en tierra; fue un tiempo prolongado, según narra el informe del Elemento (hablan de más de una hora, posiblemente menos por la sorpresa, el volumen de los disparos y los movimientos en el río). En plena acción el comandante se dio cuenta que faltaba un bote, ordenando navegar saliendo del área de la emboscada ya que además estaban casi sin municiones; estando en acción de repliegue aguas abajo, vieron en la orilla derecha al bote faltante por lo que de inmediato el comandante ordenó cambiar de frente y realizar el desembarco, llegando a  la orilla donde estaba uno de los Infantes de Marina cerca de otros dos más; al preguntar por el cuarto tripulante, contestaron que estaba en el bote, muerto; había recibido un disparo a la altura del corazón. El Infante de Marina muerto era Hernando Rodríguez Bonilla. Al instante todos los demás tripulantes sintieron dolor y rabia por el fallecimiento de su compañero y a pesar de tal hecho, continuaron disparando hacia la casa abandonada, de donde los guerrilleros seguían atacándolos. Los Infantes respondían el fuego con sus armas de dotación personal y con el mortero; igualmente el comandante ordenó preparar el “rocket” y dispararlo contra la casa, de donde provenía  el mayor volumen de fuego. Efectivamente esto se hizo, dando en el blanco y viendo como cayeron varios bandoleros.

 “Pasaron varios minutos después del disparo del rocket; los Infantes notaron que ya no disparaban los guerrilleros y estuvieron un tiempo más sin moverse y esperando que llegaran refuerzos por tierra. Al no tener fuego enemigo, realizaron el acercamiento a la casa abandonada hacia donde dispararon el arma antitanque, encontrando cuatro guerrilleros muertos y mucha sangre regada en el suelo. Revisada el área, encontraron 14 trincheras a la orilla del río. Así, los tripulantes de los botes consolidaron la acción y se retiraron hacia Tres Esquinas, donde los esperaban con mucha expectativa; allí el Comandante rindió el informe respectivo, el que también recibí por radio, dando cuenta que además del infante muerto, los motores y botes habían sufrido daños considerables. De hecho, personalmente solicité al Sr. Comandante de Infantería de Marina en Bogotá el apoyo necesario para tener botes y motores nuevos para el Elemento comprometido en el Orteguaza; dada la situación agravada de combate en esta área y la cobertura de las acciones, no solo de los infantes de Marina del Batallón de Selva sino de las tropas del Ejército y aviones de la Fuerza Aérea que combatían a los guerrilleros, al día siguiente llegó a Tres Esquinas el apoyo requerido en un avión Hércules de la FAC, adicionando granadas de mano, de mortero y más rockets. El cadáver del Infante Rodríguez Bonilla fue enviado a sus familiares. A pesar de las acciones realizadas por el Elemento, este se reabastece, cambia sus motores y sus botes, y continúa en las operaciones contra los grupos del M19.

 “Por la acción de las contraguerrillas del Ejército, los bandoleros se habían desplazado hacia el Río Caquetá, por donde también se movilizó una unidad del Ejército, siendo escoltada por los botes de los Comandos de Selva hasta un sitio denominado Mononguetes. Los botes dejan a los soldados y siguen aguas arriba por el Caquetá hasta un poblado llamado Solita, donde llegan en horas de la madrugada, desembarcando en el pueblo ya que informaciones de inteligencia daban cuenta que la guerrilla podía estar en este sitio. En Solita encontraron dos muchachos que llevaban varios pares de botas para la guerrilla; por esta circunstancia los detienen e interrogan, logrando saber el lugar que supuestamente irían a entregar las botas; se dirigieron allí y esperaron, pero los guerrilleros no llegaron, decidiendo regresar aguas abajo hasta donde dejaron la contraguerrilla; ese día esperaron emboscados en el río hasta la tarde. Pendientes de recibir información sobre la posible ubicación de la guerrilla, supieron que ya el Ejército había tenido contacto con los bandoleros, siendo apoyados también por helicópteros de la Fuerza Aérea. Con esta situación, los botes buscaban tanto hacer contacto nuevamente con la guerrilla como evitar que estos pasaran el Río Caquetá hacia el Putumayo, dificultando la persecución a las tropas de tierra por las condiciones selváticas del terreno. Buscando entonces una de estas dos situaciones, el Comandante del Elemento decide permanecer en el río de noche y aplicar una técnica que ha dado excelentes resultados, navegar de noche con  los motores apagados, obteniendo doble resultado: silencio, ya que los botes se mueven a la deriva aguas abajo, y vigilancia por las áreas que recorran estando algunos, si no todos los tripulantes despiertos. Esta maniobra requiere máxima alerta de las tripulaciones ya que al amarrar cada bote al otro, los cinco botes van como una sola embarcación, o si se quiere, por parejas para facilitar el movimiento. Efectivamente en esta ocasión los Comandos de Selva iniciaron su recorrido aguas abajo, aplicando todas y cada de las técnicas en la maniobra; nadie podía prender luces, no hablar duro, no fumar y muy atentos a la navegación a la deriva de los botes.

 “Estando desplazándose como se describió anteriormente, dice el informe que en las primeras horas de la noche no acontece nada; seguían el movimiento aguas abajo; a un rato oyeron el ruido de un motor (fuera de borda) y se pusieron en máxima alerta; creyeron que era el enemigo, pero era falsa alarma, pues resultó ser un campesino de la región que se encontraba pescando. Al requerir la identificación del campesino tuvieron que prender motores, volviendo a la situación inicial cuando supieron quien era. A esta hora, ya de madrugada, estaban llegando a Solano, escucharon de pronto disparos en ráfaga en el pueblo. Muy rápidamente prendieron de nuevo sus motores y se dirigieron al pueblo, donde se encontraban unos policías de puesto; al llegar, estos le informaron al Comandante del Elemento que habían sido hostigados por la guerrilla y ellos habían repelido el ataque, causando algunas bajas a los guerrilleros. Por esos días la guerrilla había hecho presencia en otros sitios a la ribera del río. El Elemento permaneció algunas horas más en Solano, volviendo después a Tres Esquinas, donde entregaron los dos auxiliadores de la guerrilla que habían capturado días antes. En esta su base, aprovechan para descansar un poco y reparar daños al equipo. De todas maneras y dada la situación, el comando superior operacional les ordena continuar con el patrullaje sobre el Río Caquetá y sobre el Orteguaza, realizando esta acción por varios días sin novedad alguna.

 “A este punto, es necesario recordar que cuando acuatiza el avión de Aeropesca, la guerrilla secuestra y lleva consigo los tripulantes de la aeronave. Transcurridos más de quince días (se estima que la fecha ahora era aproximadamente el 5 o 6 de noviembre), estando patrullando por el Caquetá, encontraron por la ribera a los tripulantes del avión a quienes los guerrilleros habían dejado libres, recogiéndolos y llevándolos de inmediato a la base de Tres Esquinas. Igual sucedió que llegaron de Bogotá unos técnicos de la empresa Aeropesca, a quienes también condujeron al lugar del acuatizaje para revisar el avión y hacer apreciación de su estado, siendo en estos momentos hostigados a disparos por la guerrilla; por lo anterior deciden dejar el avión y trasladarse a Tres Esquinas.

Asesinato del CSIM Filogonio Hichamón y rescate del cadáver

 Al inicio de estas páginas, dando la situación inicial de las unidades de la Fuerza Naval del Sur se expresó que por las acciones del M19 al iniciar el año de 1981, el Comando de la unidad operativa de la Armada había ordenado máxima alerta y acciones de inteligencia para detectar la presencia y ubicación de los integrantes del grupo subversivo. Se dijo también que dentro de las acciones de inteligencia se tenía la infiltración en uno de esos grupos por  parte de un agente del Batallón de Selva, el Cabo Segundo de Infantería de Marina FILOGONIO HICHAMÓN joven oriundo de la región, de ascendencia indígena como vemos desde su propio nombre y sus facciones. Todas estas características adicionadas a su capacidad de actuar como tal, es decir como agente de inteligencia ya por sus cualidades personales y por el entrenamiento recibido, en efecto se encontraba infiltrado en las filas del M19 con el grupo que dirigía el cabecilla Jairo Capera Díaz, también oriundo de la región pero sanguinario, asesino de profesión y sin ninguna ley, al servicio de la sedición. Transcurrido el año de 1981 y dadas las acciones ya descritas en estas páginas, el Comando del Batallón de Selva siempre estuvo atento a la situación del suboficial, pendiente de que no fuera a ser detectado y buscando las informaciones producto de su trabajo.

 Al tiempo del acuatizaje del avión de Aeropesca, aunque días anteriores siempre la Sección S2 del Batallón estuvo tratando de contactar al Suboficial, las acciones que se desarrollaban en el Caquetá y en el Orteguaza no permitieron saber exactamente sobre su situación. Desafortunadamente ya para los últimos días de octubre, por informaciones tiempo después confirmadas, el jefe del M19 del grupo en el que estaba el Cabo Hichamón, había recibido posiblemente de un mismo guerrillero que había prestado el servicio militar, el dato que era un infiltrado de la marina, y aprovechando una de las acciones sobre el río Caquetá, lo asesinó junto con el Dragoneante del Ejército Néstor Ospina, también infiltrado en la guerrilla.

 Los momentos del asesinato del cabo Hichamón y del soldado Ospina fueron captados por un reportero gráfico de EL TIEMPO (John Jairo Alzate, Edición del viernes 6 de noviembre de 1981, página 4B) quien habiendo estado cubriendo todas las operaciones desarrolladas en esa época contra el M19, fue secuestrado con otros periodistas por los bandoleros y estaban en el preciso momento en que el cabecilla Capera Díaz asesinó a nuestros compañeros en el sitio llamado Peñas Blancas. Más que la narración, las fotografías obtenidas posteriormente, con amplia difusión en los medios de comunicación de la época, son lo suficientemente expresivas para describir tal asesinato. Más que hacer esto último, en estas páginas, además de rendir tributo a este primer héroe, Infante de Marina, sacrificado en el cumplimiento de su deber, narraremos las cruentas acciones que los hombres del Elemento de Comandos de Selva tuvieron que realizar posteriormente de su muerte para rescatar los cuerpos de nuestros compañeros, dado que el cabecilla guerrillero  los dejó al aire libre sobre la ribera del río Caquetá como carnada para hacer llegar hasta ellos a las unidades militares que se atrevieran a rescatar sus cuerpos y así poder emboscarlas. Estos momentos fueron tan dramáticos y reales que al Comando del Batallón en Leguízamo llegaban mensajes con nombre propio para el Comandante, enviados por el cabecilla guerrillero diciendo que nos estaban esperando para que fuéramos por los cadáveres de los hombres asesinados. Yo solo podía hablar por radio con el Sr. Oficial que estaba en el Comando de la Fuerza de Tarea que dirigía las operaciones, para tratar de coordinar las operaciones que condujeran al rescate de los cuerpos.

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MOMENTOS ANTERIORES AL ASESINATO DEL CSIM FILOGONIO HICHAMÓN [6]

Transcurridos más de cinco días después del asesinato del Cabo Segundo Hichamón, habiendo coordinado personalmente por radio con el Oficial del Ejército a cargo, sobre el empleo de los botes y el apoyo del Ejército y de los helicópteros de la Fuerza Aérea, ya que la ubicación de los bandoleros, bien atrincherados y con mucha arrogancia, hacía muy difícil la maniobra táctica que permitiera rescatar sus cuerpos, necesitando del máximo poder de fuego y de combate para tal fin. Así, con el informe base de esta narración, rendido por el Elemento de Comandos de Selva, hacemos la descripción de los combates que nuestros hombres y de las unidades militares realizaron para llegar al sitio donde estaban los guerrilleros y los cadáveres del Suboficial y del Dragoneante.

 “Dispuesto el plan de maniobra por el Comando operacional en Tres Esquinas, por los doce días de noviembre el Elemento se alista para iniciar la operación de rescate de los cuerpos de Hichamón y el Dragoneante Ospina que se encontraban en el sitio Peñas Blancas, aguas abajo por el Río Caquetá; se dispuso que unos 20 soldados de la Fuerza Aérea integraran la unidad de ataque, viajando en una motocanoa, escoltados y apoyados por los botes del Elemento. Después de haber navegado aproximadamente una hora el personal fue emboscado por los guerrilleros; el combate duró unos 30 minutos del que no hubo heridos ni bajas, continuando aguas abajo hacia Peñas Blancas; momentos después volvieron a recibir fuego de las orillas con mayor intensidad, siendo en esta ocasión heridos tres Infantes de Marina de los botes de manera grave; el ataque de los bandoleros es tan fuerte que deben pedir apoyo de los helicópteros, llegando minutos después las aeronaves militares que atacaron a las posiciones enemigas, haciendo que los bandoleros cesaran sus disparos y se alejaran de las orillas del río. Por las heridas causadas a los Infantes, el Comandante del Elemento solicita autorización para regresar a Tres Esquinas, a donde se desplaza ese mismo día con los dos Infantes heridos, quienes son evacuados a Bogotá. El Comandante a cargo de las operaciones haciendo apreciación de la situación, ve claramente que el solo Elemento no puede romper la posición de los guerrilleros, así que dispone el empleo del máximo personal del Ejército y en canoas alquiladas, transportarlos a sitio objetivo.

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INSTANTE EN QUE EL BANDOLERO DEL M19 ASESINA AL CSIM FILOGONIO HICHAMÓN[7]

“El día 14 de noviembre, a las 04:30 horas sale de Tres Esquinas nuevamente el grupo de ataque  pero en esta ocasión en número aproximado de 300 hombres, entre los tripulantes del Elemento, soldados del Ejército y de la Fuerza Aérea; igualmente se contaba con el apoyo de tres helicópteros artillados, todos  con la misión de rescatar los cuerpos de los dos compañeros asesinados. Las primeras horas de viaje transcurren sin problemas; a eso de las nueve de la mañana y cerca del sitio de la  emboscada del día anterior, vuelven a ser atacados. De inmediato las tropas del Ejército buscan las orillas y desembarcan, mientras los botes dan máximo poder de fuego contra los bandoleros ubicados sobre las riveras; igualmente los helicópteros disparan hacia las posiciones del enemigo, es decir, al unísono y a un todo la reacción de las propias tropas contra un enemigo atrincherado y cobarde. En ese estado de combate, uno de los helicópteros es impactado, siendo herido su piloto pero pudiendo regresar a su Base de Tres Esquinas; siendo heridos otros soldados e Infantes del Elemento, son evacuados de inmediato por helicóptero; a pesar de esta situación casi ininterrumpida de ataques, el grupo sigue su viaje hacia Peñas Blancas; media hora después de navegación vuelven a ser atacados desde las horillas, acción que es menor en tiempo y en intensidad, sin bajas ni heridos en esta ocasión. Ya en horas de la tarde el grupo de ataque llega al sitio objetivo, el caserío Peñas Blancas y sin mayor oposición del enemigo, logaran tomarlo. Aquí encuentran sobre un barranco  y en estado ya de descomposición los cuerpos del Cabo Segundo Hichamón y del Dragoneante Ospina. De inmediato fueron trasladados a Tres Esquinas, para luego ser enviados  a sus lugares de origen. Días después y finalizando el mes de noviembre, los tripulantes del Elemento de comandos de Selva son relevados y enviados al Batallón en Puerto Leguízamo, donde los recibimos con todo el entusiasmo que su actuación exigía”.

Así termina una etapa en esta campaña contra los bandoleros del M19 que pretendieron abarcar su accionar delictivo y de sangre por el sur del País, subrayando que nuestros hombres, aunque en número reducido pero en condiciones especiales de operabilidad, dieron muestras de gran valor, capacidad táctica, destreza y sacrificio. Vale agregar que la cuota dada por estos valientes Infantes de Marina sirvió para alcanzar los objetivos asignados, con el orgullo de  todas las unidades militares en el área de operaciones en la selva del Putumayo. Consolidada la campaña  descrita en estas páginas, los mandos naturales reconocieron la acción desplegada, continuando de todas maneras en el cumplimiento de nuestras misiones.

* Coronel de Infantería de Marina – Reserva Activa, Abogado; Bogotá D.C.; julio 25 de 2009; carranzaalfonso@gmail.com

[1] OPERACIÓN ANORÍ: EL JAQUE DE HACE 35 AÑOS, Julio César Carranza A. Cybercorredera N· 99, octubre de 2008

[2] Revista Cromos; Ligia Riveros, reportera; Edición 33-29; noviembre 3 de 1981; “Jaime Bateman dirigió el secuestro del avión” –  pág. 22.

[3] Informe sobre situación sobre derechos humanos –  www.cidh.org/Indigenas/12.COLOMBIA.1981.IND.doc, Pág. 9 – 23/07/2009 12:45 p.m.

[4] Informe de operaciones del Primer Elemento de Comandos de SELVA; Río Caquetá, noviembre de 1981.

[5] Revista CROMOS, Edición 33-29, noviembre 3 de 1981

[6] EL TIEMPO, John Jairo Alzate,  Edición del viernes 6 de noviembre de 1981, página 4B

[7] EL TIEMPO, Foto de John Jairo Alzate, Edición del viernes 6 de noviembre de 1981