OPERACIÓN ANORÍ: EL JAQUE DE HACE 35 AÑOS

(Por Julio César Carranza Alfonso) *

 

Introducción

Materializando los objetivos de la Asociación Colombiana de Oficiales de Infantería de Marina ANFIBIOS, como parte de la tarea propuesta para rescatar la historia del Cuerpo Anfibio, específicamente de las operaciones fluviales, se entrega este capítulo de la Operación Anorí, que como el título de estas páginas lo dicen fue hace 35 años una operación conjunta muy importante que en su momento golpeó significativamente al grupo subversivo ELN en las montañas del Municipio de Anorí, Departamento de Antioquia.

 Al iniciar la Asociación ANFIBIOS una serie de conversatorios con la tarea enunciada anteriormente, el autor de estas líneas quiere contribuir de manera personal y directa con dicho propósito, sacando de los anaqueles de su devenir profesional estos capítulos de fundamental importancia para la historia militar y para los antecedentes de la doctrina de las fuerzas fluviales de la Infantería de Marina.

 Las páginas no escritas de la historia militar están llenas de acciones valerosas y actos heroicos de los hombres de mar y de guerra que quedarán únicamente en la memoria y en el corazón de quienes participamos en ellas. Solo son conocidas por el común de las personas los sucesos que los escritores y periodistas, no conocedores de la carrera de las armas ni mucho menos de sus acciones, puedan llegar a plasmar según lo poco o mucho que lleguen a saber de lo que en realidad sucedió y cómo sucedió. Habrá héroes y villanos que no lo eran.

 Así como en el año de 2009 se habla de la Operación Jaque, de igual manera hace treinta y cinco años (octubre de 1973) se habló de la Operación Anorí. Fue esta la operación conjunta de las Fuerzas Militares que diezmó al ELN, uno de los grupos subversivos que para la época causó gran daño y sufrimiento a la población Colombiana y llegó a dar como posible la vía armada para asumir el poder político. En esta operación participó un pequeño grupo de combatientes de la Infantería de Marina, de cuya labor y acciones, por esa circunstancia de nuestro párrafo anterior, no se ha llegado a conocer muy detenidamente. Hoy queremos rememorar esa acción con el propósito de hacer mantener en nuestras mentes y en nuestros corazones la actitud correcta que los combatientes deben tener en su labor callada y a veces no reconocida.

 No será este una experta ni detallada narración de la operación mencionada sino un resumen recordatorio, dejando tal vez a los historiadores y escritores, y por qué no a quienes hemos participado en estas operaciones, la tarea de relatar paso a paso lo que los actores de esas gestas hicimos y lo que otros hoy están haciendo, buscando no dejar que personas diferentes, quizás el mismo enemigo, narren lo que mejor les convenga.

Operaciones preliminares

 Finalizando el año de 1972 en el área general del bajo Cauca las Fuerzas Militares habían detectado en el noreste antioqueño a uno de los más importantes bastiones del ELN (dicen los expertos: el primer ELN). Hablar del Cauca y del Magdalena, dos de nuestras más importantes vías fluviales encierra el concepto de área fluvial con sus ríos principales, sus afluentes, las áreas terrestres aledañas, sus habitantes, las poblaciones ribereñas, la navegación, el comercio, la pobreza y las necesidades de esa población; es el escenario propicio para pensar en un desarrollo económico armónico, pero para ese entonces, y aun para hoy día, nada bueno podía obtenerse de la situación. A más de sus propias penurias, tanto en el área del Magdalena como del Cauca, a lo largo de sus respectivos cauces las columnas guerrilleras del ELN hacían su labor destructiva. Tenían expeditas las mejores y únicas vías de comunicación que existían desde hace tiempos: ríos y quebradas; las cuadrillas de bandoleros podían moverse a lo largo de estos últimos, así como por las aguas afluentes, las pequeñas quebradas y lagunas existentes en tan extensa área. Atacaban poblaciones y unidades de la fuerza pública, así como a las embarcaciones que transportaban combustible y mercancías por los ríos navegables.

Por la situación que se presentaba en ese momento, a partir de 1972  la Armada Nacional reforzó su presencia y su misión institucional en las áreas fluviales mencionadas con el envío de dos Elementos de Comandos de Selva de la Infantería de Marina (Hoy Elementos de Combate Fluvial) al Puesto Fluvial de Barrancabermeja. Desde este puerto petrolero las unidades a flote y los Elementos de Comandos de Selva que integraban el componente de la Armada Nacional destacado en el Magdalena Medio, irradiaban su accionar por todas las arterias y cauces donde pudieran hacer navegar tanto las embarcaciones tipo patrullera como los pequeños botes de los comandos de selva. Nuestros marinos combatían a los subversivos con desventaja; además del factor numérico, algo esencial en el combate: la falta de inteligencia y para ese entonces, la falta de una doctrina fluvial aún no creada ni enunciada, que ayudara a nuestras fuerzas a desarrollar las operaciones sin errores. Pero contrastando con sus falencias, en cada maniobra y en cada operación los combatientes aprendíamos de nuestras fallas y sumábamos las experiencias para mejorar lo hasta ese momento ejecutado.

 Durante el año de 1972 las fuerzas fluviales de la Armada contribuyeron con valor y hasta con muchas vidas en el control del área del Río Magdalena y en el combate a las cuadrillas del grupo subversivo. En la dirección de las operaciones conjuntas se encontraba el Comando Operativo N° 10 del Ejército, cuyo Comandante era el Coronel Hernán Hurtado Vallejo, (CO10), unidad que contaba con varios batallones de Ejército, unidades de la Fuerza Aérea, y agregadas operacionalmente las unidades de la Flotilla Fluvial del Magdalena y los Elementos de Comandos de Selva que integraban la unidad denominada Componente Armada Magdalena Medio (CAMM), estacionados en Puerto Galán (como así se conoce el sitio donde ha funcionado el Puesto Fluvial de la Armada). El accionar de las unidades componentes del CO 10 había sido acertado hasta esos días; por ende, el de nuestra unidad fluvial corría paralelo a la unidad superior, el que a pesar de emboscadas aleves y ataques en tan extenso territorio que impedía el cubrimiento total del mismo, se consideraba exitoso igualmente; se obtenían resultados operacionales positivos y adversos pero también se ganaba en experiencia y así, íbamos haciendo la doctrina y mejorando la táctica operacional.

Operaciones en el Río Cauca

 Para principios de 1973 las acciones del CO 10 hicieron que el grupo subversivo, teniendo como principales cabecillas a los hermanos Fabio, Antonio y Manuel Vásquez Castaño, así como el bandolero Ricardo Lara Parada, entre otros (finalmente capturado éste por unidades de la Armada en 1974), se concentrara sobre el noreste antioqueño y el Sur de Bolívar, teniendo como eje la Serranía de San Lucas, cercano a donde se hallan los ríos Cauca y Nechí, entre los mayores cauces, con todos sus afluentes y lagunas. A esta área fue destacado  en el mes de febrero de 1973 el Segundo Elemento de Comandos de Selva al mando del Teniente de Infantería de Marina Julio César Carranza Alfonso, con cinco Suboficiales, quince Infantes de Marina y un mecánico civil; desde el nacimiento de esta clase de unidades fluviales de la Infantería de Marina su composición ha sido muy especial: para aquella época integraban el elemento cinco equipos de bote (hechos de aluminio) demasiado frágiles y vulnerables; cada equipo lo integraban tres infantes de marina al mando de un cabo segundo o cabo primero, quienes portaban sus armamento de dotación y equipo de campaña, así como una ametralladora calibre 7.65 en cada embarcación. Como apoyo a esta unidad de combate, se desplazó la patrullera de río ARC Fritz Hágale, naciendo así lo que hoy se conocen como los buques nodriza y en conjunto, las unidades de combate fluvial.

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Segundo Elemento Comandos de Selva (TEIM J.C. Carranza – Río Cauca – febrero de 1973)

 Las acciones de la singular unidad de combate fluvial en el área del Río Cauca  durante los primeros meses de 1973 se desarrollaron bajo el control operacional del Batallón del Ejército que se encontrara en la zona; se concentraron en primer lugar en conocer cabalmente el área de operaciones y llevar el control efectivo de las vías fluviales, realizar la búsqueda de integrantes de los grupos subversivos y sus apoyos logísticos; el apoyo táctico y logístico a las operaciones que las unidades del ejército realizaban en esta área fluvial; hacer inteligencia y realizar operaciones de acción cívica con la población civil, entre otras. No tenían una base de operaciones como tal; nuestro abastecimientos como el descanso los hacíamos sobre el mismo río, en el mejor sitio que pudiéramos conseguir con seguridad y sin ningún bienestar posible; un excelente sitio para poder tomar un baño y lavar la ropa eran las ciénagas que encontrábamos en el área asignada (Por Ej. la ciénaga de la Raya, en la conjunción del Río Cauca con el Río Nechí), porque en el centro de la laguna se ubicaban los botes, mientras una mitad de los

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Arriada de un bote desde la patrullera – Confluencia del Río Cauca y Río Nechí

tripulantes se bañaba la otra mitad daba seguridad a la primera; nadie podría a menos de quinientos metros o más, sorprendernos; solo la lancha patrullera nos servía de base logística, pero por seguridad y amplitud en el cubrimiento de la zona asignada, la mayoría del tiempo se separaban la lancha patrullera y los botes del Elemento de Comandos. Además de nuestras acciones propias, con mucho entusiasmo los combatientes fluviales desarrollábamos nuestras tareas profesionales ganando en experiencia y aunando a la naciente doctrina fluvial; también sufrimos variados reveces, tanto por la acción del enemigo en emboscadas como por accidentes con los botes que por la acción de la naturaleza llegamos a soportar. Los equipos de bote se emboscaban o establecían retenes de día en sitios escogidos y de noche navegaban a la deriva para sigilo y silencio, y poder recorrer más distancia sin gastar combustible; era una de nuestras mejores tácticas que muy buenos resultado nos dio.

Para el Segundo Elemento de Comandos de Selva no hubo un inicio ni un final formal de la famosa operación Anorí; desde su llegada tanto al área del Magdalena como a la del Cauca no hubo un tiempo de descanso que pudiera alejar a sus integrantes de las operaciones asignadas; así me sucedió como su comandante, cuando  a pesar que cada tres meses se hacía relevo del personal integrante del Elemento, transportado desde Barrancabermeja a Nechí por la lancha patrullera, la que a su vez era relevada (participaron así además las lanchas patrulleras ARC Juan Lucio y la ARC Carlos Galindo), permanecí durante más de un año en el área sin salir un solo día. Los combatientes fluviales realizamos un sin número de operaciones propias y de apoyo a las unidades del Ejército por el río Cauca como por el Nechí y sus respectivos afluentes, incluyendo aquellas menos acogidas como las de buscar soldados ahogados en el río, las de recuperación de material perdido, de abastecimientos  y de transporte de personal, así como las operaciones tácticas propiamente dichas, previas a la operación Anorí.

Operación Anorí

Por los meses de abril y  mayo de 1973 se llevó a cabo una de las mayores operaciones en este lapso: la  Operación Trinitario, no exitosa por cierto[1] que abarcó el área general entre el Río Nechí y las quebradas Trinidad y San Pablo, a pesar de participar en ella unidades de renombre como el Batallón Rifles de Fuerzas Especiales del Ejército; en este momento las tropas terrestres de esta Fuerza después de un largo y continuado período de operación, tenían serios indicios de la presencia de las cuadrillas de los Hermanos Vásquez Castaño del ELN, pero no su ubicación exacta; numerosos contactos en combate, guerrilleros muertos y capturados, pero los bandoleros conociendo el terreno y a pesar de lo escabroso y difícil del área de operaciones sabían escabullirse y marchar a otras zonas; así siguió la situación hasta el mes de agosto cuando ya prácticamente por inteligencia estaba localizado el grupo guerrillero en zona rural del Municipio de ANORÍ, entre los ríos Nechí, Porce y Mata.

Durante los meses de agosto y septiembre las operaciones del Elemento de Comandos de Selva y de la patrullera se redoblaron sobre los ríos Nechí y Cauca, así como sobre la quebrada Trinidad; este accionar llevaba al deterioro  del equipo, especialmente en los botes de aluminio cuya estructura a base de remaches hacía agua durante la navegación, además que los motores sufrían seriamente alterando su normal funcionamiento.

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Área de Operaciones en el Río Porce – Octubre de 1973

 Ya a principios de octubre las fuerzas terrestres del Ejército tenían plenamente ubicadas las cuadrillas del ELN en cercanías de los ríos Nechí y Porce (ver gráfico de operaciones del Segundo Elemento de Comandos de Selva); era esta la clásica área fluvial y se tenían los ríos y quebradas no solamente como obstáculos para los bandoleros sino una vía de aproximación y escape.  Así, el cuatro de octubre como Comandante del Elemento de Comandos de Selva recibí orden verbal del Comandante del Batallón Ayacucho para desplazarnos a la población del Bagre, sobre el Río Nechí, con todos los equipos de bote en servicio (cuatro en ese momento); a pesar de la fatiga tanto del personal como del material por su ya larga y continuada operación, los hombres del Elemento partimos a nuestra nueva área asignada con mucho entusiasmo y seguros de poder alcanzar la misión ordenada.

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 Segundo Elemento de Comandos de Selva – Río Porce – octubre de 1973

De El Bagre zarparon los botes hasta Zaragoza sobre el Río Nechí, luego hacia Dos Bocas en la desembocadura del Río Mata sobre el Nechí; aquí se hizo averiguación y evaluación sobre las condiciones de navegación del Porce, ya que la orden era el control total de éste último; por información y observación directa vimos que tales condiciones no eran las mejores: cauce torrentoso, con grandes rocas que sobresalían del agua a veces, y a veces desaparecían; así, no había un canal cierto sobre el cual pudieran navegar con seguridad las pequeñas embarcaciones. Aunado a esta situación, los remaches de los botes ya semejaban un sonajero, de tal manera que los tripulantes lo único que hacían era achicarlos continuamente para no dejarlos hundir. A pesar de tan difícil situación, nos aventuramos a seguir aguas arribas con la ayuda de un baquiano, experto lanchero que conocía a cabalidad el río.  Montaña y montaña de un lado y de otro era el entorno para los Infantes de Marina en esta misión; y en un lado los bandoleros del ELN queriendo pasar el río y combatiendo las tropas de ejército como también a nuestros hombres.

Desde el cuatro de octubre hasta el día sábado 20 de Octubre de 1973 los aventurados integrantes del Elemento de Comandos de Selva navegamos día y noche las peligrosas aguas del río Porce, sabiendo que en cualquier momento podíamos naufragar o ser atacados por los bandoleros. En estos difíciles momentos supimos a cabalidad servir de apoyo a los comandantes de las unidades del Ejército que para dirigir las operaciones se movían más rápido por la vía fluvial; abastecer de comida y municiones a las unidades que muy cerca de la orillas y dentro de la espesa selva estaban combatiendo a las cuadrillas de los Hermanos Vásquez Castaño en los estertores de su vida delictiva; supimos acudir al llamado de los arriesgados pilotos de la Fuerza Aérea que sin otra pista o zona de aterrizaje que no fueran las grandes rocas que sobresalían del agua, se atrevían a posar sus naves para sacar heridos y bajas del Ejército, así como para abastecerlos de urgencia pero enfáticamente con la presencia de nuestros botes. Además del río, servimos como muralla humana para que los bandoleros no hallaran la vía de escape y huyeran de la acción determinante del Ejército que llevó finalmente a la cuadrilla donde estaban Manuel,  Antonio Vásquez Castaño y su guardia personal hasta la desembocadura de la quebrada Los Trozos sobre el Río Porce, sitio ubicado a menos de un kilómetro de donde se encontraban los botes del Elemento y que por condiciones de navegación nos fue absolutamente imposible llegar, encontrando allí la muerte los citados bandoleros y sus secuaces. Fabio Vásquez  Castaño logró huir; se afirma encontrarse en La Habana, Cuba.

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Los botes del Elemento de Comandos de Selva en navegación táctica sobre el Río Porce – Octubre de 1973

Tan extrema era la situación de los botes del Elemento que un día de manera respetuosa pero firme como Comandante, requerí personalmente por radioteléfono al Comandante del CO 10 sacar dos botes que estaban en total deterioro y ponían en peligro la vida de los tripulantes; esto fue autorizado y con máxima precaución navegaron hasta Zaragoza donde pudieron reparar de emergencia las embarcaciones y volver al área de operaciones; así se hizo con los otros dos botes, pudiendo estar todo el equipo en mejores condiciones hasta el fin de la operación. Los detalles de estas acciones realizadas por los hombres del Segundo Elemento de Comandos de Selva por limitación de espacio no se dan, pero los anteriores párrafos nos dan el resumen de esos momentos valerosos en los que durante días y noches cumplimos nuestra misión a costa de arriesgar la vida y entregar todo nuestro conocimiento y espíritu profesional.  En esos detalles podríamos conocer de cómo estuvimos durante este tiempo los tripulantes de los botes del Elemento; de cómo dormimos, si así lo hicimos; de cómo y dónde comimos nuestras raciones de campaña y cuándo llegamos a tener una comida caliente; de cómo más de una noche pasamos en vela evitando el cruce del río por los bandoleros a pesar de la oscuridad y del peligro que las rocas representaban para nuestros arriesgados combatientes.

 Los resultados de esta gran operación en la que participó un puñado de Infantes de Marina, la Operación ANORÍ, el jaque de las Fuerzas Militares en 1973 para la subversión son de amplio conocimiento para el País y en la historia militar: el casi aniquilamiento del entonces ELN (el primero, ya que por circunstancias históricas ya conocidas llegó a revivir), con sus máximos cabecillas, los Hermanos Antonio y Manuel Vásquez Castaño, así como un crecido número de bandoleros dados de baja y otros capturados; las consecuencias tanto militares como políticas para la subversión y de otra parte, el alto prestigio para nuestras Fuerzas Militares y para el gobierno de la época. De todo ello, a los que participamos en esta operación nos quedó el orgullo y la satisfacción del deber cumplido y una medalla de servicios distinguidos en orden público, la primera que recibía un oficial naval formado en la Escuela de Cadetes Almirante Padilla otorgada por el Ejército Nacional.

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Los botes del Elemento en situación de apoyo a un helicóptero de la FAC, aterrizado sobre una de las rocas que emergían de las aguas del río Porce – Octubre de 1973

EPÍLOGO

Como epílogo a este resumen histórico presentado, quiero invitar a los compañeros de la Infantería de Marina que han participado y siguen participando en operaciones destacadas de la guerra intestina de nuestro país para que se escriba lo que cada uno ha vivido y no se pierda la memoria de nuestro accionar profesional o se cambien los hechos por unos diferentes o no ceñidos a la verdad.

* (CRIM Reserva Activa, abogado – Bogotá D.C., octubre de 2008 – carranzaalfonso@gmail.com – Fotos tomadas por el autor – Escrito fundamentado en el Cuaderno de bitácora del autor – Actualizado a 20 de Julio de 2009 para La Asociación Colombiana de Oficiales de Infantería de Marina ANFIBIOS)

[1] Ver libro sobre la Operación ANORÍ: “Cóndor en el aire”, TCEJ Luís Alberto Villamarín Pulido, TM Editores, Primera Edición,  Bogotá D.C., 1999, Pág. 97.